HISTORIA DEL LADRILLO CERÁMICO



Posiblemente, después de alimentarse, una de las necesidades primarias que tuvo el hombre desde sus inicios, y conforme a su desarrollo y evolución, fue la de contar con recintos cerrados que lo protegieran de las inclemencias del medio que lo rodeaba.

Las cavernas naturales fueron las que en un principio cubren esta necesidad. Sin embargo, la circunstancia de no contar siempre con esta solución, y las cada vez mayores necesidades que le plantea su evolución, hacen que el hombre comience a implementar artificialmente esos recintos usando primeramente maderas y rocas naturales, para posteriormente donde no existía este último material, utilizar la madera en combinación con el ladrillo crudo.

Es así como durante la evolución humana, la técnica de fabricación de ladrillos también sufrió cambios, los cuales no son mera casualidad; en efecto, si el ladrillo no tuviera propiedades tales como su sencilla técnica de producción y colocación, su capacidad de aislación, su capacidad soportante, su amplia gama de combinaciones, etc., sin duda no se seguiría usando hoy en día en su concepto más actual; el ladrillo cerámico hecho a máquina.

Los sumerios son los primeros que aplican los ladrillos de arcilla cocida a la construcción de edificios, tales como recintos cerrados que les protegen de la noche e inclemencias del clima y templos donde adorar a los dioses, producto del establecimiento de las primeras tribus nómades en las llanuras mesopotámicas, dando origen al sedentarismo.

La falta de piedras y la existencia contemporánea de importantes depósitos de sedimento proveniente de las inundaciones de los ríos, posibilita el surgimiento y desarrollo de los ladrillos de forma primitiva, crudos o adobes, secados al sol, y posteriormente del ladrillo propiamente tal (sometidos a cocción).

La utilización de esta técnica constructiva se ha mantenido durante el tiempo, destacándose los siguientes casos:


  • La ciudad de Babilonia (1800 A.C.), desde sus inicios hasta la muerte de Alejandro Magno, muestra su esplendor y magnificencia con una arquitectura desarrollada en base al ladrillo crudo secado al sol y sometido a cocción en menor escala.
  • Las ciudades de Monhejo Daro y Harappe (2800 – 2500 A.C.), en el Pakistán actual, muestran el uso intensivo del ladrillo cocido, tanto en viviendas como en los pavimentos y murallas fortificaciones.
  • Excavaciones realizadas en Palestina, muestran mampuestos de grandesespesores construidos con ladrillos en la ciudad de Jericó (6500 A.C.) en las cercanías de Jerusalén.
  • Las ciudades de Pompeya (750 A.C.) y Roma, nos muestran construcciones totalmente realizadas en ladrillos cocidos y revestidas con placas de mármol, estucos pintados y mosaicos.
  • Sin embargo, y a pesar de los ejemplos antes expuestos, los arquitectos comienzan a apreciar las posibilidades que brinda el uso de los ladrillos a partir del siglo VII, basados en cuatro razones básicas:

  • La técnica de producción es sencilla, si consideramos que para poder utilizar la piedra se debe escuadrarla y pulirla con herramientas muy rudimentarias, logrando del ladrillo un material relativamente barato.

  • La técnica de colocación se facilita, ya que al ser el ladrillo cocido un elemento más liviano, desaparecen prácticamente los complicados aparejos para mover y colocar los pesados boques de piedras.

  • Debido a lo anterior, los tiempos de construcción se acortan.

  • Por último, las posibilidades y variedades de expresión en las fachadas se enriquecen notablemente.


Ejemplos citables son los de la basílica de Santa Sofía (Constantinopla, s.VI), y las mezquitas de Adu-Duflaf y la Gran Mezquita (Irak, s.IX). En el periodo medieval, en España, podemos destacar la mezquita Cristo de la Luz (Toledo, s.X), el minarete de la Giralda (Sevilla, s.XII), la Alhambra (Granada, s.XIII) y la Alcazaba (Málaga, s.XI).

En Italia, específicamente en la ciudad de Venecia, encontramos la iglesia de Santa Fosca (s.X), el Palacio Foscari (s.XV), la basílica de San Marcos (s.XI) y Las Dos Torres (Bolognia, s.XII). También en Inglaterra, apreciamos el castillo e iglesia de Santa Trinidad, priorato de Saint Botolph (s.XI), la Universidad de Cambridge (S.XII), el castillo de Tattershall en Lincolnshire (s.XV) y el palacio de Hamport Court (s.XVI), a las orillas del Támesis.